
Redacción: Pedro Geney
Rincón del Mar ardió en llamas, y lo que se quemó no fueron solo cabañas, techos y sueños; lo que se consumió también fue la confianza en una administración municipal que insiste en gobernar de espaldas a la realidad. San Onofre es un municipio costero, turístico, lleno de vida, pero sin bomberos. Y esto no es casualidad: es producto de la insensatez.
Hace unos años existió un esfuerzo serio por conformar un cuerpo de bomberos voluntarios en San Onofre. Hubo gestión, hubo voluntad y hasta bases sentadas para darle continuidad. Pero la actual administración desmontó lo poco que se había construido. En lugar de fortalecer un servicio público esencial, decidió ignorar la obligación legal establecida en la Ley 1575 de 2012, que declara a los bomberos como un servicio público fundamental, irrenunciable y obligatorio para los municipios.
Lo ocurrido en Rincón del Mar es la consecuencia directa de esa irresponsabilidad. El incendio fue enfrentado por los mismos habitantes, que, sin equipos, sin protocolos ni respaldo institucional, hicieron lo imposible para salvar lo suyo. El pueblo reaccionó con dignidad, con unión, demostrando que la solidaridad es más fuerte que la indiferencia del poder local. Pero no puede ser la comunidad la que siempre pague la negligencia de quienes gobiernan.
La alcaldesa Marta Cantillo y su equipo deben responder. Gobernar sin bomberos en un municipio como San Onofre es un acto de insensatez política y administrativa. No hay excusa válida. No es un tema de recursos solamente: existen fondos nacionales y rutas legales para organizar y financiar este servicio. Lo que falta es gestión y compromiso.
Si la administración no actúa de inmediato para crear, financiar y sostener el cuerpo de bomberos de San Onofre, lo mínimo que deberían hacer los afectados es acudir a la Procuraduría, Contraloría y Fiscalía para que se investigue este abandono del deber público. Porque aquí no hablamos de simples omisiones: hablamos de vidas en riesgo.
San Onofre no puede seguir sin bomberos. Lo de Rincón del Mar es un campanazo que nos recuerda que la improvisación y el abandono se pagan caro. Hoy fue un incendio; mañana puede ser una tragedia mayor. Y entonces, ¿quién responderá?
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