Sincelejo. Cada producto tiene algo más que un precio: horas de trabajo, creatividad y una historia personal. Así se pudo evidenciar en la Feria de Lideresas de Sucre, donde cerca de 30 mujeres encontraron un espacio para mostrar aquello que han construido con sus propias manos.
En la Plaza Caribe, de la Gobernación de Sucre había flores hechas a mano, accesorios, piezas decorativas y alimentos que hablaban de las habilidades de quienes estaban detrás de cada creación.
La actividad se realizó en el marco de la iniciativa “Soy Mujer Empoderada y Productiva”, liderada por la Red de Mujeres Emprendedoras de Colombia, a través de la estrategia Cima Femenina, en articulación con la Gobernación de Sucre.
Para Valeria Lastre Dibón, la experiencia apenas comienza. Desde hace 7 meses decidió convertir su gusto por las manualidades en un emprendimiento y empezó a experimentar con diferentes materiales y diseños. Uno de sus productos son las flores elaboradas artesanalmente. Detrás de cada una hay un proceso que puede pasar inadvertido para quien la observa terminada: elegir los materiales, trabajar cada pieza y dedicarle tiempo hasta conseguir el resultado esperado.

Por eso, cuando habla de lo que hace, Valeria no se refiere únicamente al producto final.
“Más allá de cada material que utilizo, su valor está en el tiempo y el amor que le dedico a cada confección”.
Su actitud mientras muestra sus creaciones resume parte de lo que significa para ella este primer paso: ver cómo una habilidad que comenzó como una idea puede tomar forma y encontrar personas interesadas en lo que hace.
Un sueño que también se construyó en pareja
En otro de los espacios estaba Artes Ana, un emprendimiento familiar en Sincelejo que nació de una decisión tomada hace varios años. Su propuesta reúne accesorios elaborados con piedras, madera y otros elementos vinculados con la artesanía y la bisutería. La iniciativa fue emprendida junto a su esposo, con quien ha compartido tanto el trabajo como el propósito de sacar adelante el proyecto.

El camino, reconoce, no ha sido inmediato. Mantener una iniciativa de este tipo exige perseverancia y una mirada puesta en el futuro.
“La constancia, el tener una misión y visión nos ha permitido seguir adelante. Fue una meta que nos trazamos y esto nos llevó a sacar a nuestra familia adelante”. Expresó Manuela Ayazo Patiño.
Su historia muestra otra de las caras del emprendimiento: aquel que se construye dentro del hogar y termina convirtiéndose en parte de la vida familiar.
Para María José Lara Viloria, directora de la Red de Mujeres Emprendedoras de Colombia, detrás de la feria existe además un propósito de reconocimiento.
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La organización reúne a mujeres que han participado en procesos de formación y prevención de violencias y que, desde diferentes escenarios, vienen desarrollando labores sociales, comunitarias y empresariales.
Lara Viloria señaló que llevarlas a estos escenarios permite que otras personas conozcan sus capacidades y las iniciativas que han construido siendo lideres desde lo social hasta lo comentario.
La feria más allá de las ventas, terminó dejando una imagen significativa: mujeres mostrando orgullosas aquello que aprendieron a hacer, explicando el proceso detrás de cada pieza y hablando de lo que esperan conseguir con sus negocios.
Porque muchas veces un emprendimiento comienza así: con unas manos dispuestas a crear, una idea que se niega a quedarse en el papel y la esperanza de que aquello que hoy se exhibe sobre una mesa mañana pueda convertirse en un proyecto de vida.





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