Durante años la política colombiana se explicó con colores, partidos y discursos. Hoy parece explicarse mejor con animales. Está el Tigre, que promete fuerza y confrontación; el Jaguar, que el presidente Gustavo Petro ha convertido en símbolo de América Latina; y las Abejas, con las que Álvaro Uribe reivindica el trabajo colectivo. Lo curioso es que, por un día, ese peculiar zoológico político terminó coincidiendo alrededor de una misma votación.
La política colombiana no deja de sorprender. Cuando creemos haber visto todo, aparece un nuevo episodio que demuestra que, en este escenario, los enemigos de ayer pueden terminar votando juntos si el objetivo lo amerita.
Y eso fue precisamente lo que ocurrió en la elección de la Presidencia del Senado.
No, no significa que haya nacido una alianza entre el Pacto Histórico y el Centro Democrático. Tampoco que Gustavo Petro y Álvaro Uribe hayan enterrado sus diferencias. Pero la imagen que dejó la votación fue, por decir lo menos, impensable hace apenas unas semanas: los votos del petrismo terminaron coincidiendo con los del uribismo para respaldar al candidato del Centro Democrático y cerrarle el paso a Abelardo de la Espriella.
Como dice el viejo refrán: «El enemigo de mi enemigo es mi amigo». Y en política, muchas veces ese refrán pesa más que cualquier discurso de campaña.
¿Por qué ocurrió? Porque Abelardo de la Espriella decidió romper el acuerdo político que existía alrededor de la Presidencia del Senado. El Centro Democrático aspiraba a conservar esa dignidad durante el primer año de la legislatura, pero el abogado impulsó una candidatura propia, alterando el equilibrio que se había construido entre varios sectores.
Ese movimiento terminó provocando una reacción inesperada. Quienes hace apenas unos meses se acusaban mutuamente, terminaron votando en la misma dirección. No porque ahora sean aliados, sino porque compartían un objetivo inmediato.
Horas después, el propio Abelardo aseguró que realmente no estaba interesado en la Presidencia del Senado. Si era así, entonces queda una pregunta inevitable: ¿por qué romper un acuerdo que terminó uniendo, aunque fuera por unas horas, a sectores históricamente enfrentados?
Otro ingrediente de esta historia es que el Centro Democrático ha anunciado que, por ahora, buscará declararse partido de gobierno o de coalición frente al Ejecutivo. Sin embargo, la política colombiana ha demostrado que las posiciones rara vez están escritas sobre piedra. Hoy existe una coincidencia de intereses, pero nadie puede asegurar que esa relación se mantendrá en el tiempo. Las alianzas en Colombia suelen ser tan dinámicas como las circunstancias que las rodean.
El Pacto Histórico también tenía razones para mover sus fichas. Sabe que uno de los liderazgos que más podría disputarle el poder en los próximos años es el de Abelardo de la Espriella, quien durante la campaña prometió «destripar a la izquierda», una frase que Gustavo Petro no dejó pasar por alto y recordó durante su discurso tras la elección del Senado. La ironía es evidente: quien prometía enfrentar con mayor dureza a la izquierda terminó provocando que la izquierda y el uribismo coincidieran en una misma votación.
Por eso, más que hablar de un «petrouribismo», lo ocurrido demuestra otra realidad: en Colombia la política es cada vez menos ideológica y cada vez más estratégica. Cuando aparece un adversario común, hasta quienes se han acusado mutuamente durante años pueden terminar votando del mismo lado, aunque sea por una sola jornada.
No fue casual que Petro recordara, tras la elección, que el tigre ni siquiera es un animal originario de América. El comentario iba dirigido a Abelardo de la Espriella y buscaba reforzar el contraste con el jaguar, símbolo que el presidente ha adoptado como representación de América Latina. Pero la mayor ironía no estuvo en los animales, sino en la política: mientras el tigre y el jaguar se disputaban el relato, las abejas también terminaron formando parte de la escena. Al final, ese zoológico político dejó una lección que va más allá de una elección del Senado: en Colombia las estrategias suelen pesar más que los símbolos, y los intereses terminan rugiendo más fuerte que las ideologías.
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